jueves, 10 de septiembre de 2015

Alfabetizadoras a escena

El teatro como metodología lúdica, la historia oral como método y las emociones como vehículo para reconstruir la historia, se mezclaron en el Día Internacional de la Alfabetización, este 8 de septiembre pasado, para subvertir la historia oficial a 35 años de la celebración de la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua.

Fue una noche muy emotiva y emocionante porque de forma espontánea varias mujeres y un hombre pasaron al frente a compartir sus anécdotas y reflexiones, sobre lo que  más les impactó de la Cruzada. Luego de cada intervención el grupo de teatro EmocionArT.E del Colectivo de Mujeres de Matagalpa hizo una interpretación de las emociones de los recuerdos o recreó pasajes de la historia compartida. Teatro espontáneo literalmente sin guion ni ensayo, una representación de construcción colectiva en vivo.

Hubo nostalgia, risas, lágrimas, rabia, cantos a todo pulmón, hubo recuperación de la memoria colectiva. Esta actividad que organizamos desde Aula Propia, llamada Memorias a escena: “Avancemos brigadistas” • Emociones de mujeres alfabetizadoras revividas con teatro espontáneo, convocó a mujeres de varias generaciones: las que alfabetizaron, las que eran muy chavalitas para ir y las jóvenes contemporáneas que solo han escuchado los cuentos, de lo que se consideró "la insurrección cultural". La sala del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la Universidad Centroamericana, se quedó chiquita ante la nutrida asistencia.

Tanto Beatriz Huber del Colectivo de Mujeres de Matagalpa, como Tania Montenegro de Aula Propia, señalaron en su introducción que lo lúdico, lo oral y las emociones, al no pertenecer a las herramientas o métodos validados por el poder establecido, permiten que otras visiones y actores generalmente ignorados, salgan a luz. Este ejercicio posibilita rescatar una visión de la historia más diversa y compleja. Mientras que el discurso oficial recalca cifras y héroes de tribuna, el testimonio, las emociones, rescatan a las personas que protagonizaron las acciones.

Torozón en la garganta
En la actividad hablaron “chavalas brigadistas”, “chavalas de la  Retaguardia” (estudiantes de Primaria que aprendieron a hacer manualidades o trabajo de campo durante la alfabetización),  e incluso habló una “niña” que fue alfabetizada en una finca de La Dalia (Matagalpa).

Mucha de esta historia se ha quedado atravesada en sus protagonistas y cada cual ha lidiado con ella como ha podido. El teatro, ya sea como sicodrama o sociodrama, ha sido utilizado con fines terapéuticos. EmocionArT.E lo usa con fines político-terapéuticos como una herramienta para recuperar la memoria histórica, “dar la palabra a las personas que no la han tenido, para construir la historia desde la memoria subjetiva”, como apuntó Beatriz.

El grupo integrado por siete mujeres de diferentes edades utilizó lenguaje gestual, verbal, vestimenta, sombreros, efectos musicales realizados en vivo, y mucha capacidad de improvisación para traducir las emociones y parte de los recuerdos de las participantes. El teatro espontáneo no usa libreto, éste sigue la línea de la educación popular, de manera que parte de la vida, del testimonio de las participantes, que inmediatamente es recreado por las actrices y devuelta a la testimoniante y a la audiencia. Una emoción mueve otra y así la colectividad teje la historia.

Sandra Roiz y María Lourdes Estrada fueron dos brigadistas que compartieron sus vivencias, pero también borrosas fotografías que las muestran casi niñas calzando botas y vistiendo cotonas grises, ayudando a cocinar en grandes fogones de leña, cortando pelo, lavando ropa, bañándose en ríos o abrazadas a sus familias postizas con quienes aún se comunican.

Una gesta inolvidable
En 1980, la Cruzada Nacional de Alfabetización fue la primera gran tarea masiva de la revolución. Durante cinco meses 60 mil muchachas y muchachos que estudiaban en secundaria y en la universidad se convirtieron en “guerrilleros de la alfabetización”, para enseñar a aprender a leer y a escribir al campesinado de todos los rincones del país. Casi 40 mil personas más hicieron lo mismo en las ciudades. La mayoría tenía entre 15 y 18 años, aunque también había de 12 y 13.

Más de la mitad de la población adulta del país era analfabeta en esa fecha y tras la Cruzada, el analfabetismo se redujo del 51 a casi el 13 por ciento. La Unesco la premió por ser “la mayor proeza educativa y cultural de la historia de Nicaragua”. Otro de sus logros fue que la juventud desarrolló conciencia social al conocer la situación del campesinado de primera mano. Ahí encontraron las razones por las que se había luchado contra la dictadura. Por eso fue un aprendizaje de doble vía.

Aparte de las cifras, fue un movimiento que trastocó los pilares del patriarcado y la división de clases en el país. Además de desafiar la autoridad familiar y darle autonomía a un chavalero adolescente, probablemente fue la primera salida masiva de mujeres jóvenes al mundo público, para quienes significó enfrentar otros obstáculos y “peligros” que no vivieron los hombres.

La emoción de salir de la casa, confrontar la creencia de que “la calle” era un asunto de hombres, el riesgo de perder el prestigio y las oportunidades o quedar mal informada en la universidad —junto con la desilusión y el desencanto posteriores— fueron escenas revividas en esta sesión.

Después de hora y media de emociones revueltas, las actrices pidieron un aplauso para las participantes que pasaron al frente y otro para las personas que escuchamos. El cierre no pudo ser más honroso: el padre Fernando Cardenal, director de la Cruzada, ya con su cabello cano y apoyado en su bastón, nos dejó estas emocionadas palabras:

“Nosotros le decimos a los jóvenes: quédense a cambiar el país, a hacerlo mejor, hay que transmitirles la cotona para que haya una nueva generación capaz de darle solución a los problemas enormes del país. La Cruzada seguirá siendo siempre un faro que ilumina, una luz que  alumbra y enciende los corazones para hacer algo por este país porque lo amamos. ¡Adelante!, como en la Cruzada, adelante. ¡Puuuño en alto!”. “Libro abierto”, respondimos.

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Teatro para el cambio social
El Colectivo de Mujeres de Matagalpa se fundó a mediados de los años 80 y el teatro ha sido una de sus apuestas estratégicas para promover el cambio social. Desde 1997 utiliza el arte espontáneo  en las comunidades rurales de Matagalpa profundizando y mejorando sus enfoques con el acompañamiento de Úrsula Hauser y María Elena Cavallieri de Argentina. A la fecha han interactuado con 8 mil 855 participantes que han compartido mil 234 relatos sobre violencia, aborto, pobreza, el futuro, en fin sobre la vida.

Reporte de Sylvia Tórrez y Tania Montenegro

Fotos: cortesía de TM / Aula Propia


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