miércoles, 20 de agosto de 2014

Invocando a la Salander


Cuando magistradas y ministras justificaron la aberración cometida contra la Ley 779 en el decreto que reglamenta su aplicación, un escalofrío recorrió mi cuerpo y la sensación de impunidad, ya grande en este país, me pareció infinita.

No basta con que los operadores de la injusticia justifiquen las violaciones sexuales porque el alcohol es un “atenuante de responsabilidad penal” o que las máximas autoridades policiales maquillen las cifras para disminuir los casos de femicidios. No. Resulta ahora que mediante decreto cambian el espíritu y objeto de la ley, destruyen el sistema de atención a las víctimas de violencia y complejizan la ruta de acceso a la justicia, poniendo en mayor riesgo la vida y la integridad de las mujeres, como bien lo han denunciado colegas de la Red de Mujeres Contra la Violencia, el Movimiento Autónomo de Mujeres, el Movimiento María Elena Cuadra y el Cenidh.

La impunidad de la violencia contra las mujeres queda institucionalizada por el propio Estado, la vocación controladora del Gobierno evidenciada una vez más. “Los hombres que odian a las mujeres” tienen ahora más que nunca permiso para matar… las mujeres estamos en la indefensión total.

Porque ¿quién podrá defendernos si el Estado mismo le dice a la sociedad que la violencia hacia las mujeres es un asunto privado, ya no un problema de salud pública como fue declarado en 1996 por el Ministerio de Salud ante las dimensiones de la epidemia? ¿Podrán hacer valer nuestro derecho a una vida libre de violencia esas Consejerías de la Familia que por definición buscarán preservar la “unidad familiar”? ¿A qué unidad se refieren cuando hay familias destrozadas y fracturadas por la violencia machista?

No es que sea desconfiada, pero aquí el sistema está podrido y ya no podemos esperar nada de él.  Para mí está claro que seguirán siendo las mujeres que ayudan a otras mujeres las que darán la cara por la humanidad frente a la violencia machista en Nicaragua. Y ya que la realidad es tan desoladora, sólo puedo acudir a la literatura para inspirarme y confiar en que encontraremos nuevas formas de hacer valer la justicia para las mujeres.

¿Se imaginan a la amada Lisbeth Salander solidarizándose con las mujeres nicaragüenses indignada ante la misoginia institucionalizada en nuestro país? Mmm… yo me regocijo con sólo pensar en esa avanzada hacker de la trilogía Millenium penetrando en las computadoras o las llamadas telefónicas de nuestros magistrados-operadores políticos-íntimos del presidente, evidenciando su profundo desprecio por las mujeres y sus intereses personales en cada ley que impulsan o destrozan. Porque alguno de ellos ya promovía el divorcio unilateral en los años 80, nadie sabe si porque en realidad lo que le interesaba era casarse con alguien de buena familia obligada por las leyes a continuar con un matrimonio no deseado.

¡Ay Salander! Porque igual que a vos te pasa en la novela, aquí el Estado quiere “tutelar” a las mujeres considerándolas incapaces de decidir por ellas mismas si lo que viven es violencia o no, condenándolas a tener que consultar con el barrio primero si su situación merece la denuncia en la Policía Nacional. Es decir, ¡poniendo en manos de otras personas la vida de una misma! ¿No te parece conocida esta historia? ¿Te imaginás cuántos pérfidos intereses entrarán en juego al momento que esas Consejerías Familiares atiendan el primer caso?

¡Ay Salander! Tu sentido justiciero y tus habilidades de investigadora privada podrían ayudarnos a evidenciar cuánto dinero e intereses hay en juego con cada sentencia judicial que libera y justifica a los asesinos y violadores de mujeres en este país. Tus cámaras bien disimuladas podrían dejar constancia de la hipocresía de quienes se declaran defensores de la unidad familiar, pero a punta de golpear a sus parejas y humillar a sus hijos e hijas. ¡Ah!... porque en realidad no es que les interesen sus familias, ahora la Ley 779 especifica el delito de violencia patrimonial, y en esta cultura de nuevos ricos como en la de los viejos ricos, hay que proteger los bienes antes que a las mujeres.

Porque aquí, para este Estado, lo que está en juego no es la vida de las mujeres ni siquiera su tan cacareada unidad familiar. Aquí lo que verdaderamente está en juego es que la atención a la violencia hacia las mujeres no dé demasiadas herramientas para que los hombres de este modelo de país (y sus aliadas ilustradas) no sigan haciendo de las suyas. Aquí lo que se busca es mantener la impunidad, conservar el poder de unos cuantos sobre los intereses de la mayoría.

¡Ay Salander! Lo único que me anima es que las mujeres que ayudan a otras mujeres en este país tienen tu misma determinación, tu misma agudeza y constancia para enfrentar a quienes representan al patriarcado y a sus intereses. También al igual que en tu caso, contamos con hombres aliados que alzan su voz y están dispuestos a enfrentar al mismo enemigo.  Hoy, al igual que siempre, las mujeres de este país continuarán denunciando, demandando, exigiendo, luchando, en fin, por una vida digna para las mujeres.  Es lo que nos queda.

Mara Martínez Cruz (Comunal Martínez, Makarov71)

5 comentarios :

  1. Yo tambien conjuro a Lisbeth, buen trabajo

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    1. Qué bien, entre más gente, mejor! Gracias!

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    1. Gracias Alicia, y además por visitar nuestro blog! Mara

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  3. Hola, muy buena e interesante su critica, creo que hay ver las cosas mas aya de las apariencias, analizar y tomar sabias decisiones, para lograr los objetivos, e ir aprendiendo en el camino de la experiencias.

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