miércoles, 19 de febrero de 2014

Arroz de leche

Durante la guerra. En la capital. En una empresa de productos lácteos. Los envases dañados, que no se pueden vender, son recuperados por el personal. El conductor de uno de los camiones de reparto se lleva unas 50 bolsas de leche. Son muchas más de lo que puede consumir la familia antes de que se estropee. Las bolsas se reparten por todo el barrio. El fin de semana siguiente, en todas las cocinas del barrio se prepara arroz de leche. Como cada quien lo hace de forma distinta (caliente, frío, con limón, con canela), hay un continuo ir y venir de chavalos llevando platos de arroz de leche de una casa a otra, para que la vecina pruebe.

 Para sobrevivir en épocas excepcionales, como una guerra, se hace necesario activar las redes sociales, no las virtuales, como Facebook, Twitter y demás (aunque también), sino los entramados de relaciones familiares, vecinales, personales del mundo real.

Hoy (¿época excepcional?), no nos queda de otra.

No podemos pretender acaparar la propiedad de la información como materia prima (es más productivo repartir la leche entre las familias del barrio, antes de que se estropee), ni mantener en secreto el conocimiento que construimos (mejor, intercambiamos nuestras recetas de arroz de leche con las vecinas).

Concebir la sociedad como una urdimbre de nexos entre personas, organizaciones e instituciones, por los que fluye la información y el conocimiento es una de las claves de la filosofía que subyace bajo el trabajo que desarrollamos en Aula Propia.

En Aula Propia redactamos, fotografiamos, editamos, diseñamos, evaluamos, analizamos, escribimos poesía, gestionamos proyectos, formamos personas.... hasta organizamos actos. Si una de nosotras imparte una clase en una universidad, es habitual que otras asistamos como oyentes y contribuyamos al debate con el alumnado; si alguna está desarrollando una consultoría, sabe que cuenta con las demás para que aporten nuevas visiones, críticas, comentarios; si alguna trabaja en una institución, puede ocurrir que otra de nosotras establezca alianzas con sus compañeras o sus jefas para desarrollar proyectos que puedan interesarnos.

Y lo hacemos de forma natural, espontánea; siempre lo hemos hecho. Y no es una cuestión de generosidad altruista; es que no podemos, no sabemos, funcionar de otra manera.

Colectivo de trabajo feminista 


En la última reunión formal de las perras estructurales, que dedicamos a evaluar el trabajo desarrollado en 2013 y a planificar los proyectos que tenemos previstos para este año, una de las expresiones para autodefinirnos que más nos gustó fue la de “colectivo de trabajo feminista”.

Siempre seremos, o buscaremos crear, un “espacio de reflexión e intercambio feminista”, pero creemos que ha llegado el momento de dar un paso más, de reforzar nuestra red interna de colaboraciones, de aumentar el flujo de conocimiento que circula entre los cables que nos unen, de institucionalizar esas formas de colaboración que venimos ensayando desde hace tiempo, de conformarnos en un colectivo de trabajo.

Otro concepto que también se discutió mucho durante la reunión fue el de público, grupo meta, personas destinatarias..., aunque en realidad no nos gustan esos términos técnicos que establecen diferencias entre ellas y nosotras y más bien hablamos de personas interesadas, actoras políticas, gente en definitiva, en especial las mujeres, el destino final de todas nuestras acciones como colectivo.


Por ello, una de las nuevas líneas de trabajo de Aula Propia se dirige a ampliar ese público o grupo meta o gente con la que, y para la que, trabajamos: durante 2014, Aula Propia no tendrá a Managua como centro de sus actividades. Ya hemos comenzado con Aula Rural Propia, un ciclo de encuentros para debatir y reflexionar con mujeres jóvenes de zonas rurales del país; los talleres de Alfabetización Digital Feminista se celebrarán en Bluefields y, probablemente, en otros cinco departamentos nicaragüenses; estamos preparando un proyecto para la formación en Internet sobre temas feministas, una propuesta que nos llegó de las perras estructurales que se encuentran al otro lado del charco; tenemos en mente nuevas formas de colaboración con actoras, instituciones, organizaciones que han mostrado interés por nuestro trabajo.

Sí mantendremos algunas sesiones del año en la capital, donde residimos la mayoría de las perras estructurales, aunque lo haremos de forma itinerante, nómada, buscando espacios que mejor se adecúen a las necesidades de cada encuentro.

Ampliamos nuestra red, pues, de espacios, de personas, de temáticas, de protagonistas, de líneas de trabajo. Nuevas alianzas, que, más que todo, representan para nosotras nuevos aprendizajes.

Por que sí, el arroz de leche nos queda rico y nutritivo, pero no tenemos la receta definitiva. Siempre buscaremos nuevos ingredientes, otros hornos y más cocineras con las que seguir removiendo el perol.

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